lunes, 21 de mayo de 2012


La primavera y los duendes

En un país muy muy lejano había una familia de duendes que vivía en una pequeña y verdosa casita de madera en la copa de un alto árbol.

Esta familia de duendes eran los encargados de mantener y conservar limpio  y cuidado el bosque de aquel país, en el que crecían preciosas flores de todos los colores en la primavera.

Los duendes preparaban una fiesta especial en cada una de las estaciones del año para dar la bienvenida a ésta. A la fiesta acudían todos los animales que vivían en aquel bosque, los cuales también cuidaban mucho los arboles y las plantas.

Cuando iba a llegar la primavera, los duendecillos estaban muy ilusionados preparando el acontecimiento, cuando unos enormes ogros llegaron y rompieron las flores que los duendes habían plantado y que estaban floreciendo en el bosque. Cuando llegaron todos los animales a la fiesta descubrieron lo que había sucedido y se pusieron muy tristes.

La familia de duendes propuso que todos volvieran a plantar las flores que los ogros habían destruido. Y así fue cómo todos se pusieron a plantar las flores para que el día de primavera el bosque estuviese tan bonito como cada año.

Y, colorín colorado, este cuento de duendes, se ha acabado.

Los poderes de un “Lus-lus”

Érase una vez un príncipe al que le gustaba pasear por el bosque. Un día, el príncipe, que era un niño muy observador, vio algo raro que se movía entre unos pequeños arbustos situados junto al camino. El príncipe se acercó porque quería ver qué había allí y descubrió a un pequeño animalito, el cual nunca antes había visto.

Adrián, que era como se llamaba el príncipe, estaba muy asombrado y cogió al animal para llevarlo al castillo y enseñárselo a sus padres.

El rey le dijo al príncipe, cuando sacó al animal de su bolso, que ese curioso animalillo era muy especial, se trataba de un “Lus-lus”, una especie de ratoncillo pequeñito con unas enormes orejas, el cual tenía poderes mágicos y podía conceder deseos, pero solamente a los niños.

El príncipe no salía de su asombro, pues su esperado deseo se iba a hacer realidad gracias a aquel pequeño animalito.

Adrián era un príncipe y aunque tenía muchos juguetes para jugar, no tenía a nadie con quien compartirlos, pues era hijo único.

Adrián le pidió al mágico animal un hermanito con el que jugar y disfrutar todos los juguetes que tenía.

El “Lus-lus” le concedió al príncipe su deseo, por lo que nunca más jugó solo.

Y, colorín colorado, este cuento se ha acabado.





Copito de Nieve

Érase una vez un niño llamado Carlitos que vivía en un pueblo de montaña. Una mañana cuando Carlitos se levantó corrió hasta la ventana de su habitación y vio que estaba nevando, desde allí vio a los niños del barrio jugar con la nieve que estaba cayendo muy lentamente.

Carlitos: -Mamá, vamos fuera, me prometiste que iríamos a jugar hoy.

Mamá: -Carlitos, papá está a punto de llegar y Susanita está llorando. Cuando llegue papá saldrás con él a jugar.

Carlitos se quedó entristecido sentado frente a la ventana de su habitación, observando a los niños disfrutar con la nieve haciendo un gigante muñeco de nieve con una enorme nariz de zanahoria y unos pequeñitos ojos de patatas.

Fue entonces cuando Carlitos vio  que un coche oscuro se paró durante un instante, abrió la puerta y salió del coche un pequeño cachorrito que se quedó tiritando y mirándole mientras el coche se alejaba despacio. Un segundo más tarde, los niños que estaban jugando en la calle le comenzaron a tirar bolas de nieve al pequeño animal, por lo que el pequeño cachorrito empezó a gemir asustado sin saber qué hacer.

Carlitos no se había dado cuenta de que su papá había llegado del trabajo y que le estaba esperando en el salón para jugar con él y con su hermana Susanita.

Papá: -Carlitos, vamos a jugar fuera con los demás niños.

Fue entonces cuando Carlitos le explicó a su padre lo que había visto, y su papá le explicó que el dueño del perrito lo había abandonado, ya que no podía hacerse cargo de cuidarle.

A Carlitos se le enrojecieron los ojos al escuchar lo que su padre le estaba contando y pensó que quizás ellos podían acoger al cachorrito en casa.

Carlitos: -Papá, ese perrito está solo y tiene mucho frio, ¿nos lo podemos quedar?

Su papá aceptó su propuesta, salió a la calle y cogió al pobre cachorrito indefenso en sus brazos y lo llevó dentro de casa.

Cuando el padre de Carlitos entró en casa, el niño corrió hacia él y abrazó al cachorrito. Más tarde comenzó a jugar con él y con Susanita. En aquel momento el niño olvidó la idea de salir a la calle a jugar con la nieve y prefirió cuidar y mimar a su nuevo amiguito al que llamó Copito de Nieve.

Y, colorín  colorete, por la chimenea sale un cohete.