Los poderes de un “Lus-lus”
Érase una vez un príncipe al que le gustaba pasear por el
bosque. Un día, el príncipe, que era un niño muy observador, vio algo raro que
se movía entre unos pequeños arbustos situados junto al camino. El príncipe se
acercó porque quería ver qué había allí y descubrió a un pequeño animalito, el
cual nunca antes había visto.
Adrián, que era como se llamaba el príncipe, estaba muy
asombrado y cogió al animal para llevarlo al castillo y enseñárselo a sus
padres.
El rey le dijo al príncipe, cuando sacó al animal de su
bolso, que ese curioso animalillo era muy especial, se trataba de un “Lus-lus”,
una especie de ratoncillo pequeñito con unas enormes orejas, el cual tenía
poderes mágicos y podía conceder deseos, pero solamente a los niños.
El príncipe no salía de su asombro, pues su esperado deseo
se iba a hacer realidad gracias a aquel pequeño animalito.
Adrián era un príncipe y aunque tenía muchos juguetes para
jugar, no tenía a nadie con quien compartirlos, pues era hijo único.
Adrián le pidió al mágico animal un hermanito con el que
jugar y disfrutar todos los juguetes que tenía.
El “Lus-lus” le concedió al príncipe su deseo, por lo que
nunca más jugó solo.
Y, colorín colorado, este cuento se ha acabado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario