lunes, 21 de mayo de 2012


Los poderes de un “Lus-lus”

Érase una vez un príncipe al que le gustaba pasear por el bosque. Un día, el príncipe, que era un niño muy observador, vio algo raro que se movía entre unos pequeños arbustos situados junto al camino. El príncipe se acercó porque quería ver qué había allí y descubrió a un pequeño animalito, el cual nunca antes había visto.

Adrián, que era como se llamaba el príncipe, estaba muy asombrado y cogió al animal para llevarlo al castillo y enseñárselo a sus padres.

El rey le dijo al príncipe, cuando sacó al animal de su bolso, que ese curioso animalillo era muy especial, se trataba de un “Lus-lus”, una especie de ratoncillo pequeñito con unas enormes orejas, el cual tenía poderes mágicos y podía conceder deseos, pero solamente a los niños.

El príncipe no salía de su asombro, pues su esperado deseo se iba a hacer realidad gracias a aquel pequeño animalito.

Adrián era un príncipe y aunque tenía muchos juguetes para jugar, no tenía a nadie con quien compartirlos, pues era hijo único.

Adrián le pidió al mágico animal un hermanito con el que jugar y disfrutar todos los juguetes que tenía.

El “Lus-lus” le concedió al príncipe su deseo, por lo que nunca más jugó solo.

Y, colorín colorado, este cuento se ha acabado.




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